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15 · Lácteos UHT — Estudio de diseño independiente

Lactavisa

Cuatro marcas, doce referencias y un solo número de registro sanitario detrás de todas ellas — y eso ya estaba publicado.

Lactavisa —Lácteos Avilés, S.A.— es una fábrica de leche UHT junto al puerto de Avilés, en marcha desde 1972. Envasa cuatro marcas propias y también fabrica para empresas que quieren vender con la suya.

El concepto de Aperture para Lactavisa, diseñado por Aperture
Qué observamos

La respuesta no estaba en una entrevista, sino en su propia web: doce fichas técnicas descargables, una por referencia. Se leyeron las doce. Granja y La Campesina publican, variedad por variedad, la misma tabla nutricional hasta el último decimal —262 kJ, 3,60 g de grasa, 120 mg de calcio—, y las cuatro marcas comparten un único registro sanitario, ES-15.00913/O. Una planta, una línea.

Lo que cambia de una marca a otra es el cartón y el código EAN. La leche y el análisis, no. Nadie lo escondía: estaba publicado, referencia por referencia, y ninguna página lo decía en voz alta.

La prueba, puesta tal cual: la tabla nutricional que Granja y La Campesina publican por igual, variedad por variedad
Por qué importaba

Una fábrica que envasa la marca de otro vive de una sola cosa: que el comprador se fíe de que su producto saldrá exactamente igual que el de la casa. Esa garantía es difícil de afirmar sin sonar a folleto —y aquí no hacía falta afirmarla, porque ya estaba documentada—.

El trabajo dejó de ser persuasivo y pasó a ser editorial: ordenar lo que la empresa ya publicaba de modo que el propio comprador llegue a la conclusión. Quien encarga su marca entra en el mismo registro, la misma línea y la misma analítica. No hay una segunda categoría de producto porque no hay una segunda línea donde hacerla.

Una referencia del catálogo con su ficha de laboratorio y sus datos legales, y el enlace a la ficha técnica oficial en PDF
Qué cambió

El sitio se escribió como un registro y no como un catálogo de ventas. Abre diciendo lo que es —«La etiqueta cambia. El análisis, no.»— con la ficha de la empresa al lado: razón social, planta, año, registro sanitario, marcas, referencias.

Después llega la prueba, sin adjetivos: la tabla nutricional idéntica, puesta tal cual la publican ellos. Y luego el catálogo, doce referencias con su ficha —materia grasa, proteína, pH, acidez Dornic, flora total, denominación legal, alérgenos, EAN, conservación— y un enlace al PDF oficial de cada una. El color de cada variedad en el cartón es el mismo que encabeza su ficha: el catálogo se lee antes de leerlo.

Donde un dato seguía abierto —la forma jurídica, que su propia web escribe de dos maneras; las certificaciones de planta— no se rellenó: se dejó fuera.

Qué se hizo posible

Una fábrica que puede dejar de prometer seriedad y limitarse a enseñarla, con el documento delante. Es el argumento comercial que más le importa —la marca del cliente— sostenido por sus propios papeles y no por nuestra redacción.

Es un estudio, y una segunda dirección: existe una propuesta anterior, distinta, que sigue siendo la que el cliente tiene sobre la mesa. Nada de esto está lanzado ni indexado, el cliente ya ha dicho que le gusta lo que ha visto de nosotros, y no hay resultados que enseñar.

No hacía falta convencer a nadie: solo ordenar lo que ya estaba publicado.

Un estudio de diseño independiente, publicado con el permiso escrito de Lácteos Avilés. Es un concepto propio, no la web de la empresa, y el sitio no es público. Las imágenes de ambiente son ilustrativas, como advierte la propia página.