← Trabajo
02 · Estructuras para eventosEncargo

DACARPA

No alquilan carpas. Se ocupan de que el evento salga bien, llueva o no.

DACARPA es una empresa familiar de estructuras para eventos —carpas, pagodas, suelos— con base en Granda, Asturias, que monta en toda España. La lleva David.

La web de DACARPA, diseñada por Aperture
Qué observamos

La web vendía objetos: carpas por forma y por metros. Pero a DACARPA no se la contrata por una lona. Se la contrata para que una boda al aire libre no dependa del cielo, para que un pabellón vacío quede terminado y seguro. Esa reputación existía —en el boca a boca, en los directorios—, pero no en su propia web. Y la moqueta ferial, la parte que quería crecer, ocupaba una sola frase.

La web de DACARPA: los tipos de evento que cubre
Por qué importaba

El servicio era de primera; la presentación, de catálogo. Cerrar esa distancia era el trabajo, con una complicación real: buena parte de sus clientes llegan por búsquedas que se apoyan en páginas viejas y escuetas. Rediseñar quitando texto podía tirar por tierra diez años de posición. La regla, entonces, fue simple: si un cambio de diseño obligaba a borrar lo que ya funcionaba, cambiaba el diseño, no la página.

Qué cambió

El sitio dejó de listar productos y empezó a hablar de certeza, en palabras del propio David: «serio, profesional, de confianza; no es barato, pero vale cada euro». La navegación pasó de quince tipos de carpa a cinco situaciones reales de cliente. La moqueta ferial, que no tenía ni una página, pasó a tener la suya.

Se apagaron los titulares en mayúsculas que gritaban, y delante se pusieron las cosas que de verdad dan confianza en este oficio: las normas que cumplen las estructuras, los materiales, los años. Se conservaron la marca de la carpa dibujada a mano y su verde. Ninguna URL que ya rankeaba perdió su contenido.

Qué se hizo posible

La parte que quería crecer por fin tiene dónde. La reputación que vivía fuera por fin cabe en su casa. No hay cifras que lo demuestren todavía: el sitio aún no está publicado, y se prefiere prometer poco a inventar mucho.

El cielo, esos días, deja de ser problema del cliente.